Es posible que yo no sea la más indicada para hablar de
temas como son las relaciones de pareja y los noviazgos, pero, tras escuchar numerosas ralladas de amigas y
amigos, he llegado a la sincera conclusión de que nos hacemos más daño nosotros
a nosotros mismos que la otra persona implicada.
En primer lugar, y yo ahí también me incluyo, está en saber
lo peligroso y arriesgado que puede resultar el idealizarse. Al principio nos
hace sentir mejor y con más ilusión, pero cuando la cosa se tuerce caemos en
una ruina moral. Sobre todo nosotras, cuando vemos algo que nos gusta en un
hombre tendemos a exagerarlo por bueno y a veces la cosa va a más,
imaginándonos lo perfecto que sería tener una relación con él, cuando en
realidad, no lo conocemos.
Pero, lo más doloroso del amor no es la infidelidad o “poner
los tochos” sino cuando te das cuenta de que esa persona de la que te habías
enamorado no existe. Es una personalidad imaginaria que has introducido
inconscientemente en la otra persona. No te has enamorado de él, te has
enamorado de un fantasma, no te has enamorado de la persona que es sino de la
persona que tu quieres que sea.
En ocasiones nuestro inconsciente no quiere creerse tal
tragedia y sufrimos de forma continua esperando que esa persona se convierta en
la que nosotros queremos, pero, eso no está en tu mano y por mucho que tú lo
desees y guardes falsas esperanzas, él seguirá siendo el mismo cabrón de
siempre del que te creías haber enamorado.
Aquí me refiero cuando nos hacemos más daño nosotros mismos.
Estamos en una lucha continua contra nosotros mismos, nos convertimos en
verdaderos masoquistas. No te ha engañado, no te ha pegado, simplemente te ha
mostrado lo que es, no lo que hace, y, si no lo aceptas o no quieres aceptarlo,
entonces, eres tú la que te estás arañando el corazón.
Solo hay una solución para este embrollo: OLVIDAR, cada uno
a su manera pero siempre con un primer paso común, Reconocer lo sucedido.
Puede que cueste tiempo curar la herida que tú misma has
estado ensanchando, pero si luchas por tu felicidad se irá cerrando hasta que
no quede si quiera una cicatriz.
Como decía Sabina “No hay peor nostalgia que añorar lo que
jamás sucedió”
que razon que tienes, me ha encntado la entrada laura, no sabia yo que escribias tan bien, lo mejor, la ultima frase, la de sabina!!!
ResponderEliminarxxx
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