sábado, 2 de junio de 2012


Hoy me siento NOSTÁLGICA.

Soy consciente de que muchas veces deseamos que el tiempo se pare, que ese momento dure para siempre. Para unos es un beso, para otros un orgasmo, y para los más normales, los típicos momentos eufóricos con los amigos, que son como el último cigarrillo de la caja, esperas que no acabe, lo saboreas, pero cuando has llegado al filtro, ya no lo puedes recuperar.

En estas fechas de bochorno aragonés, las gente de mi edad se prepara para selectividad, no muchos siendo conscientes de que van a dejar una etapa muy importante de su vida. No se, vosotros lectores, pero yo en mi colegio llevo toda mi vida, y, aunque no fuera así, siempre acabas considerando a tu colegio como algo ordinario en tu vida, algo a lo que te acostumbras. Suena la alarma, la pospongo, la vuelvo a posponer, "Coño llego tarde", me ducho, me visto, desayuno por el camino, llego tarde...
Sea como sea, el colegio te guste o no, es algo a lo que estamos acostumbrados y al dejarlo vamos a notarlo así que deberíamos pararnos a pensar.

Por ejemplo en infantil, si no recuerdo mal cada vez que hacías algo bien tenías un gomet pequeño, tres pequeños hacían uno grande y tres grandes eran una estrella. Primaria eran negativos (o al menos eso decían) y tres negativos te bajaban la nota. Pero en secundaría las cosa cambió, se acumulan ceros, y tres ceros, NO SUMAN CERO, suman una evaluación suspendida. Pero OJO, si haces algo bien, ni MU! ¡Hay como hecho de menos aquellos días tan felices cuando los únicos deberes que teníamos era traer las princesas coloreadas!

Conspiraciones entre amigas, conspiraciones contra unos y otros; reuniones matutinas en los recreos, partidos de balón prisionero- (Que más tarde se sustituyeron por la búsqueda de rincones para echar un piti), tomar el sol, hacer pirola, picarse la clase en el baño (me encontraba mal)...

Segundo de Bachillerato si, ha sido una putada de curso, mucho que estudiar, muchas presiones por la nota de corte, muchas angustias por las pruebas de acceso a las privadas, o frustraciones por no llegar a la asignatura. Ha sido duro, pero ya ha acabado lo peor. Ahora solo queda selectividad.

Por muy exigente que halla sido este curso, hay que reconocer, que ha sido importante. La propia necesidad de estudiar más nos ha hecho madurar (existen excepciones), y eso nos llega a darnos cuenta de lo que tenemos ahí, nuestros amigos y amigas, nuestra infancia, nuestra niñez, todos esos momentos vividos están ahí; y son cosas que por mucho que crezcamos nunca llegaremos a olvidar. Aquí se traban amistades que duran toda la vida, y mi consejo es que las mantengáis lo más calientes que os sea posible. De verdad, que merece la pena.




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